Una vela es lo que les dieron a tus padres y padrinos el día
que te bautizaron. Es símbolo de luz en la oscuridad, de guía. Durante años,
fue la única luz que había en las casas después de que el sol se escondiese. Hoy
en día, también se usan para eso, pero solo cuando se va la electricidad o se
quiere manifestar un ambiente romántico y relajado entre dos personas. La suave
y cálida luz que desprende la llama enciende a la vez nuestros corazones y los
calienta. Cada año sorprendía a mi pareja con una cena romántica a la luz de
las velas, seguido de un baño relajante con velas decorativas y aromáticas
alrededor. Le encantaban.
Pero quién
llegaría a pensar que, un objeto pensado para ayudar a encontrar el camino en
momentos difíciles, llegaría a ser una tortura también. Después de que a
alguien le cayese una gota de cera caliente en la mano, un nuevo pensamiento de
qué se podía hacer con ese objeto llegó a la mente de un ser humano: dolor. Hay
quienes lo usan por disfrute, porque jugando con el dolor consiguen más placer.
Sin embargo, otros lo usan como forma de tortura. Quemarte el cuerpo con cera
hasta que les digas lo que quieren saber o hasta que se aburran de ti. Nunca
jamás el objeto es el peligro, el peligro es en las manos de quién esté el
objeto. Da igual si es un jarrón, una vela o incluso una pistola. No tengas
miedo de los objetos, ten miedo de quiénes lo tienen.
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