Los olores de la
primavera son alocados. Hay olores de miles de flores, de insectos, de parejas
que se conocen, que se aman. Los caminos a mi escuela tenían un dulce olor a
jazmín, que me alegraban las mañanas.
Odio los olores
del verano. El aire caliente, el olor a sudor, el olor a cloro… Son todos
simplemente horribles.
Los olores del
otoño parecen quietos en el tiempo, como si siempre pudieras olerlos, solo
tendría que ser otoño y en cualquier sitio estaría. Son los olores de las hojas
caídas, de las calabazas, de los libros nuevos que compras para leer. También
está el olor de la risa de los niños, cuando juegan con las hojas caídas. Ese
es mi olor favorito, el que me hace sonreír siempre.
Los olores del
invierno son hermosos. De un precioso color gris, que corresponde al olor de la
nieve, de los chocolates calientes que, con mantas y películas, hacen el mejor
plan para los días tan fríos. Hay olor a familia, a amor, a odio, a dolor. A
amor, a desamor. A fiestas y a muertes. El invierno hay olores fuertes y
contradictorios, por eso es mi estación favorita. No sabes qué olor tendrá el
siguiente invierno, qué mezcla será la próxima vez. Es misterioso y dulce, pero
a la vez aterrador.
¿Qué dices? ¿Qué la
mayoría de las cosas que he nombrado no tienen olor? Bueno, eso es porque tú no
te has parado un segundo más a verlo y a oler. Cada estación tiene sus olores y
está en la mano de cada quién saber apreciarlos. Prueba a hacerlo el siguiente
año.
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