A mí me pilló leyendo.
“El fin de mundo está cerca” había oído esa misma semana. Pero ya se había
repetido tanto la misma historia que ya hasta me producía risa. Siempre me lo
tomaba como si fuera una broma, aunque, solo por si acaso, me ponía a leer el
mismo libro, una y otra vez, por si acaso hubiese sido verdad. Hasta que al
final, pasó. Siempre leía el mismo libro. No sé por qué lo hacía. No era un
libro de esos que te marcan para toda la vida ni de esos de los que te enseñan
muchas cosas sobre la vida real. Ni siquiera era de los que me sentía
identificado con algún personaje. Simplemente era un libro, normal y corriente.
Tampoco supe por qué ese libro se había vuelto mi favorito. Simplemente… lo
era. Yo creo que fue porque ese libro me hacía desaparecer en los peores
momentos. Era mi refugio. Quizás pensaba que, si leía ese libro mientras el fin
del mundo ocurría, yo estaría a salvo. Quizás hubiese sido algo inconsciente.
Sin embargo, me alegro de haber terminado mis días así.
Siempre te recordaré. A
ti, a la hermosa chica que me dio ese libro a cambio de algo muy valioso: mi
corazón. Tú te llevaste más de mil suspiros y el libro me los devolvía. Siempre
me acordaré de lo bonitas que me sonaban las palabras de amor que decía ese
libro, porque las escuchaba entonadas por tu voz y eso me elevaba al paraíso.
Siempre lloraré con aquel final, donde los amantes no pueden estar juntos en el
desenlace de la historia, porque igual era nuestra relación. Demasiado
parecida, quizás, porque ellos murieron y ahora viven juntos. Y a mí, el fin
del mundo, me pilló leyendo. Leyendo aquel libro. Leyendo tu libro. Y ahora,
estamos juntos, tú y yo. Quizás este libro sea mágico al fin y al cabo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario