Desde que nací,
estuve siempre encerrado entre estas cuatro paredes. Siempre he tenido comida y
bebida y han venido a visitarme muchas personas para que no muriese, para que
no me volviese loco. Pero siempre dentro de este cubículo. Nadie puede entrar y
yo no puedo salir. Puedo ver el exterior, puedo ver el cielo a través de una
ventana fuera de mi caja de cristal. Puedo escuchar lo que la gente dice fuera
de aquí, me han contado mil cuentos y cada día escucho más y más historias.
Algunos dicen que ojalá pudiese sentir el tacto del papel, el olor de un libro
nuevo y leer con mis propios ojos, pero es imposible. Estoy encerrado aquí y,
aunque lo odie, debo seguir encerrado. Mi mayor deseo es la libertad, pero la
enfermedad que tengo me mataría si saliese de esta caja.
Sin embargo… Desde
hace unos días, estoy experimentando la libertad. Sigo sin poder salir de mi
caja de cristal, donde todo es seguro, pero con ella… Desde que ella llegó,
nuestras mentes conectaron. Al principio, ella era una doctora más que venía a
cuidarme. Sin embargo, poco a poco, fui recibiendo imágenes, sonidos,
sensaciones… que jamás había experimentado. Y todo estaba ahí, en mi mente,
fluyendo. Siempre a través de los ojos de ella. No sé quién es, ni por qué hace
esto por mí. Sin embargo, siempre le agradeceré que me deje vivir en su mente
cuando está conmigo, que me deje pasearme entre sus recuerdos y vivirlos como
si fueran míos. Siempre agradeceré que sea el ángel que me dio alas para volar
hacia aquello que tanto anhelaba: la libertad.
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