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lunes, 4 de diciembre de 2017

Amnesia

Hace cinco años que me diagnosticaron una rara enfermedad. Lo olvido todo. Siempre llevo una carta conmigo, que me hace recordar todo lo importante. Cada lunes, a las doce de la noche, tanto si duermo como si no, lo olvido todo. Olvido caras, nombres, fechas. Los médicos dicen que puedo tener una vida medianamente normal si lo apunto todo y lo leo nada más despertar. Pero no es así. Olvido sentimientos y olvido recuerdos. Y la base de la vida es eso: sentimientos y recuerdos. Nadie me quiere a su lado, porque a la semana les he olvidado. Y no como esos que van de flor en flor. No, yo los olvido para siempre. Yo no puedo decir las típicas frases de “¿Recuerdas aquella vez en París, donde aquel camarero recuperó mi bolso robado?”. Yo no tengo anécdotas. Yo olvido todo. A veces, no sé ni dónde vivo. La amnesia que tengo en mi interior cada día me carcome más, pero el lunes lo he olvidado todo. Y vuelta a empezar.
     Ayer por la noche, me escribí una segunda carta. Así, al despertar y leerla, no olvidaría la importante decisión que he tomado. Mi vida no puede seguir así. Siempre voy a estar sola y no me importará porque no lo recordaré. Pero mi familia, aquellos que dicen ser mis amigos y los doctores…. poco a poco se están cansando de mí. Es normal, ni yo me aguantaría durante más de 20 años. Así que, es hora de que me marche. No sé a dónde ni por qué. Eso ya lo he olvidado. Pero esta carta lo dice bien claro: “Tienes una enfermedad, lo olvidas todo. Es más, seguramente ahora mismo no recuerdes ni tu nombre. Escúchame bien. La yo de ayer y de la semana pasada y de todas las semanas anteriores nos hemos ido dejando mensajes. Este es para ti. Estamos cansadas de escribirnos cartas. Deja que descansemos por fin. Es difícil, pero es lo mejor para toda tu familia y para todo el mundo. Es hora de que te marches y descanses.” No sé qué cosas habrá sufrido la yo de ayer… Pero en sus palabras hay lágrimas de dolor. Hay palabras borrosas y el papel está arrugado. Ella ya lo decidió.  Y ella soy yo. Ni siquiera sé cómo me llamo ni quién soy.  Pero es hora de descansar. “Abre el cajón, dentro verás un bote con un líquido. Bébetelo. Dolerá, pero créeme que luego serás feliz. Un beso, la yo de antes de la amnesia de hoy.” Cogí el bote y lo bebí. Y la amnesia desapareció. Recordé todos y cada uno de los días. Y pienso que hice bien. Sentí todo el dolor de lo que provocó la amnesia de golpe y apenas noté el dolor de mi cuerpo alarmado, pidiendo ayuda por sobrevivir. Morí. Y sí, fui feliz.

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