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martes, 5 de diciembre de 2017

Agua

   -El agua que te dio la vida, ahora te la quita. El agua que te limpió las heridas, ahora te corrompe hasta los huesos. El agua que antes calmaba tu sed, ahora te ahoga. El agua, bondadosa y gentil, se ha convertido en tu peor enemigo. Pero no, no es su culpa. Tú la has cabreado. Le has echado mierda, incluso creaste una isla de plástico. La has aprisionado en espacios cada vez más reducidos, pero haciendo que creciera. ¿Qué creías que pasaría? Es tu culpa que ahora sea incontrolable, que deambule a sus anchas. La habéis cabreado y ahora ella es la dominante del mundo y tú solo eres escoria. ¿Yo? ¿Qué pasa conmigo? Te preguntas qué me va a pasar a mí… Que mono. Yo siempre fui agua. Yo y ella siempre fuimos una. Mi juventud la pasé en su seno, conozco cada centímetro de su ser… Y salí a la superficie para conocer qué era tan maravilloso como para abandonarla. Y vi que era vuestro egoísmo, vuestra suciedad y toda esa mierda que tenéis.
     >>Ahora no me llores pidiendo que te salve. Me he pasado toda mi vida recorriendo cada parte de este mundo, entregando las llaves al paraíso para aquellos que la merecían. Para aquellos que amaban el mar. Si tú no tienes una, es tu culpa. Deberías haber amado más el mar, haberlo cuidado más. Si el agua quiere salvarte por algo que yo no haya visto, que te salve. Y si no, como todos tus hermanos los terrestres, podéis morir ahogados, podéis pudriros y ser comida de peces. Sí, esos que os sirvieron de comida tantas veces. Yo ahora tengo que irme, tengo que dar la bienvenida a las nuevas sirenas y a los nuevos sirenos en mi reino. Son muchos y seguro que todo aquello les encanta. Desea que nos volvamos a ver, porque eso querrá decir que no habrás muerto. Adiós.

     Y con una sonrisa, la sirena se bajó de la ola, se zambulló en el agua y nunca lo volvió a ver. El agua no quiso salvarlo.

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