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martes, 12 de diciembre de 2017

Aurora boreal

     Nunca había visto en mi vida una aurora boreal. Sin embargo, aquella noche, perdida en el bosque, con mi vestido roto y con mucho miedo de lo que pudiera esconderse tras la oscuridad, miré al cielo y lo vi. Era hermoso. Un gran espectáculo de luces que danzaban lentamente, como si de un baile se tratase. Seguí caminando mientras miraba el cielo, embelesada. Cuando me di cuenta, estaba en un pequeño claro, no muy grande. Me tumbé en la hierba. Estaba helada por el frío de la noche y la aurora boreal estaba sobre mí, decorada con miles de estrellas. Todo el miedo y la inseguridad que sentía se había marchado con la compañía de aquella vista.
      Estiré mi brazo hacia el cielo, intentando tocar las olas que hacía la aurora. Moví mis dedos lentamente, como si la acariciara. Sentí una fuerte brisa recorriendo todo mi cuerpo y poco a poco dejé de sentir la hierba en mi espalda. No sabía qué estaba pasando, pero no podía dejar de mirar la aurora, que cada vez estaba más y más cerca. Un fuerte brillo empezó a salir de mi pecho, a la vez que dejé caer mis brazos al vacío. Estaba flotando, cada vez más cerca de las luces del norte. Cuando me envolvieron, vi en una fracción de segundo todos los lugares que había recorrido la aurora, mostrándomelo con suma calma y paz.

     Cuando desperté la mañana siguiente en mi cama, en mi casa, me extrañé. No conseguía recordar nada de lo sucedido el día anterior, pero desde mi muñeca hasta la parte interior del codo tenía un extraño dibujo de luces violetas sobre un fondo azul muy oscuro y decorado con miles de puntos blancos. No sabía de dónde había venido aquel dibujo y tampoco se podía quitar lavándomelo, así que conviví con ello durante toda mi vida, sin saber lo que significaba.

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