Crecí contigo desde que nacimos. Nuestras madres se conocieron en el hospital y tu mano fue lo primero que conseguí agarrar con fuerza.
Fuimos vecinos desde niños, siempre jugábamos y reíamos. Creo que fue en aquella tierna infancia donde empezó todo, pero éramos solo unos niños, no nos íbamos a dar cuenta.
Cuando entramos al colegio, sonreías cada dos por tres, hacías bromas para que me riese y nunca me dejaste solo. Por muy débil que mi salud fuese, tú siempre estuviste a mi lado. Pero a veces, pocas, muy pocas, no te veía sonreír y me asustaba. Y lloraba, lloraba como aquel niño pequeño que era. Y tú venías con una sonrisa a secarme las lágrimas.
A punto de pasar a secundaria, me tuvieron que internar en el hospital. Tú venías a verme todos los días, pero nunca supiste que, antes de irte de la sala, tus labios no sonreían. Me tenías preocupado, cada vez más, pero seguía sin entender qué pasaba.
Y finalmente salí del hospital. Íbamos de la mano a todos lados, aunque la gente nos mirase raro. Yo no lo entendía, claro, para mí todo aquello estaba bien, pero tú empezaste a utilizar maquillaje para ocultar todo lo que sentías y te hacían.
En el instituto nos separaron, no estábamos en la misma clase. Empecé a notarte un poco distante, pero me respondías con que las asignaturas eran más difíciles, y era verdad. Así que ambos estudiábamos juntos, tú sin tu sonrisa y yo sin poder concentrarme, buscándola aunque fuese en tus ojos. Pero allí tampoco estaba.
En tercero de secundaria, ya apenas me hablabas. No me di cuenta en su momento, pero solo escuchabas aquello que te contaba con una sonrisa. Una sonrisa que me alivió al verla, pero que no me dejó completamente tranquilo. Algo no marchaba bien, pero no sabía qué era.
En bachillerato por fin entendí por qué nos miraban raro y, en vez de luchar por nuestra amistad y, quizá, por nuestro amor, me recluí en mí mismo. No supe ver que tú estabas muchísimo peor que yo y que el esfuerzo que hiciste por acercarte a mí y sonreír de nuevo te estaba destrozando por dentro. Fui egoísta, ahora lo sé.
Y tú me ayudaste a salir y a ser yo mismo, pero tú te hundiste tanto que, cuando me quise dar cuenta, tu sonrisa te había abandonado para siempre. No la hallaba ni en tus labios, ni en tus ojos, ni en el sonido de tu voz. No eras feliz, solo querías que yo lo fuese. Y ya no aguantaste más.
Cuando tu sonrisa te abandonó, tu alma se fue con ella. Tu destino era sonreír por siempre, pero alguien, quizá yo, te quitó tu sonrisa.
Te descubrí en la cama, durmiendo tranquilo, pero estabas frío. En la mesilla de noche, una caja de pastillas, vacía. Cuando quise darme cuenta, no estabas durmiendo. Tu pecho no se movía. Y mi sonrisa se fue también contigo.
Cuentos de Noah
En este blog iré poniendo mis cuentos y otras cosas...
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jueves, 11 de octubre de 2018
martes, 12 de diciembre de 2017
Aurora boreal
Nunca había visto
en mi vida una aurora boreal. Sin embargo, aquella noche, perdida en el bosque,
con mi vestido roto y con mucho miedo de lo que pudiera esconderse tras la
oscuridad, miré al cielo y lo vi. Era hermoso. Un gran espectáculo de luces que
danzaban lentamente, como si de un baile se tratase. Seguí caminando mientras
miraba el cielo, embelesada. Cuando me di cuenta, estaba en un pequeño claro,
no muy grande. Me tumbé en la hierba. Estaba helada por el frío de la noche y
la aurora boreal estaba sobre mí, decorada con miles de estrellas. Todo el
miedo y la inseguridad que sentía se había marchado con la compañía de aquella
vista.
Estiré mi brazo
hacia el cielo, intentando tocar las olas que hacía la aurora. Moví mis dedos
lentamente, como si la acariciara. Sentí una fuerte brisa recorriendo todo mi
cuerpo y poco a poco dejé de sentir la hierba en mi espalda. No sabía qué estaba
pasando, pero no podía dejar de mirar la aurora, que cada vez estaba más y más
cerca. Un fuerte brillo empezó a salir de mi pecho, a la vez que dejé caer mis
brazos al vacío. Estaba flotando, cada vez más cerca de las luces del norte.
Cuando me envolvieron, vi en una fracción de segundo todos los lugares que
había recorrido la aurora, mostrándomelo con suma calma y paz.
Cuando desperté
la mañana siguiente en mi cama, en mi casa, me extrañé. No conseguía recordar
nada de lo sucedido el día anterior, pero desde mi muñeca hasta la parte
interior del codo tenía un extraño dibujo de luces violetas sobre un fondo azul
muy oscuro y decorado con miles de puntos blancos. No sabía de dónde había
venido aquel dibujo y tampoco se podía quitar lavándomelo, así que conviví con
ello durante toda mi vida, sin saber lo que significaba.
lunes, 11 de diciembre de 2017
En una tierra lejana
Hace años que fui expulsada de mi tierra natal. ¿Que por qué?
Por pensar diferente, por tener gustos diferentes, por no querer ser y pensar
como los demás. Todos querían decidir por mí con quién pasaría el resto de mi
vida. Sin embargo, yo ya la había conocido años atrás y quería pasar mi vida
con ella. Por supuesto, eso estaba más que prohibido. Estaba condenado con la
muerte. Primeramente, no se puede elegir con quién quieres pasar tu miserable
vida y segundo, dos chicas no pueden reproducirse. Sí, ambas éramos chicas.
Cuando las dos reconocimos que aquel mundo no era para nosotras, pues
necesitábamos amarnos en libertad, decidimos irnos.
Por desgracia
para mí, ellos descubrieron nuestro plan de huida antes de que lo pusiéramos en
marcha. Intentamos escapar, pero ella murió frente a mis ojos. Estuve a punto
de quedarme con ella a morir, pero me gritó que me fuera, que huyera y que
viviera. Y eso hice, por ella. Por su recuerdo. Por sus besos, por sus caricias,
por su amor. Allá donde vaya, por lejos que sea, siempre la llevaré conmigo.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Vela
Una vela es lo que les dieron a tus padres y padrinos el día
que te bautizaron. Es símbolo de luz en la oscuridad, de guía. Durante años,
fue la única luz que había en las casas después de que el sol se escondiese. Hoy
en día, también se usan para eso, pero solo cuando se va la electricidad o se
quiere manifestar un ambiente romántico y relajado entre dos personas. La suave
y cálida luz que desprende la llama enciende a la vez nuestros corazones y los
calienta. Cada año sorprendía a mi pareja con una cena romántica a la luz de
las velas, seguido de un baño relajante con velas decorativas y aromáticas
alrededor. Le encantaban.
Pero quién
llegaría a pensar que, un objeto pensado para ayudar a encontrar el camino en
momentos difíciles, llegaría a ser una tortura también. Después de que a
alguien le cayese una gota de cera caliente en la mano, un nuevo pensamiento de
qué se podía hacer con ese objeto llegó a la mente de un ser humano: dolor. Hay
quienes lo usan por disfrute, porque jugando con el dolor consiguen más placer.
Sin embargo, otros lo usan como forma de tortura. Quemarte el cuerpo con cera
hasta que les digas lo que quieren saber o hasta que se aburran de ti. Nunca
jamás el objeto es el peligro, el peligro es en las manos de quién esté el
objeto. Da igual si es un jarrón, una vela o incluso una pistola. No tengas
miedo de los objetos, ten miedo de quiénes lo tienen.
sábado, 9 de diciembre de 2017
En la televisión
Vivo en una sociedad de mierda, donde lo único que se
muestra por televisión es la muerte, la destrucción, la guerra, las
catástrofes. Sin embargo, yo salgo a la calle y no veo nada de eso. Veo
felicidad, veo amor. Veo protestas por la paz, por la igualdad, por la
aceptación por aquellos grupos minoritarios.
La televisión solo
engaña, dificulta la vista. Solo muestra cosas malas para que pensemos que ya
está todo perdido y acabemos en el sofá de nuevo, viendo la serie que esté de
moda. Yo una vez salí en televisión. Fue una entrevista, en un mundo utópico.
Claro, estaba soñando. Yo había sacado mi tercer libro, la paz ya había llegado
a todos los rincones y nadie moría de hambre… Porque eso no se muestra, claro.
Si no sabes el
problema, ¿cómo vas a solucionarlo? Y si te ponen problemas en los que tú no
tienes influencia ninguna, ¿cómo vas a solucionarlos? La televisión solo existe
para hacer que olvides tus sueños, tus ilusiones, tus problemas y tus desafíos.
Mírala con moderación, o podrías acabar como ellos quieren: muerto en vida.
viernes, 8 de diciembre de 2017
Colores
Los colores sirven
para clasificar diferentes cosas… Como los días de la semana, los canales que
vemos, los números con los que contamos… La gente me dice que esas cosas no
tienen colores, pero yo siempre les he atribuido el mismo color. Algunos
especialistas me dijeron que tengo sinestesia… Según la Wikipedia, eso es “la asimilación conjunta o interferencia
de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos de un mismo acto
perceptivo”. Es decir, que yo puedo oír colores, ver
sonidos, sentir sabores al tocar algo… Y es así. La voz de mi novia, por ejemplo,
es de un azul turquesa. Los ladridos de mi perro son de un rojo intenso,
mientras que mi voz es un rosa pastel. Algunos colores los asocio con distintas
melodías, algunas inventadas y algunas conocidas. Cuando toco la piel de mi
novia, siento un sabor muy dulce, mientras que cuando mi perro me muerde,
siento el picante ardiendo en mi boca.
Los colores son
parte fundamental en mi sinestesia, pues casi todo lo que veo, toco y oigo los
relaciono con un color fijo, que no cambia nunca. Y ahora viene lo mejor de
todo. Soy daltónica. Del tipo de tritanopia. Según los médicos, dicen que de
todos los que podría haber tenido otros tipos donde los colores que veo son más
“feos” y que los colores que veo son muy bonitos… Aún así, me gustaría saber
qué color es el amarillo o el verde, más allá de los que veo… Pero bueno, nací
con ambos dones y soy feliz.
jueves, 7 de diciembre de 2017
Olores
Los olores de la
primavera son alocados. Hay olores de miles de flores, de insectos, de parejas
que se conocen, que se aman. Los caminos a mi escuela tenían un dulce olor a
jazmín, que me alegraban las mañanas.
Odio los olores
del verano. El aire caliente, el olor a sudor, el olor a cloro… Son todos
simplemente horribles.
Los olores del
otoño parecen quietos en el tiempo, como si siempre pudieras olerlos, solo
tendría que ser otoño y en cualquier sitio estaría. Son los olores de las hojas
caídas, de las calabazas, de los libros nuevos que compras para leer. También
está el olor de la risa de los niños, cuando juegan con las hojas caídas. Ese
es mi olor favorito, el que me hace sonreír siempre.
Los olores del
invierno son hermosos. De un precioso color gris, que corresponde al olor de la
nieve, de los chocolates calientes que, con mantas y películas, hacen el mejor
plan para los días tan fríos. Hay olor a familia, a amor, a odio, a dolor. A
amor, a desamor. A fiestas y a muertes. El invierno hay olores fuertes y
contradictorios, por eso es mi estación favorita. No sabes qué olor tendrá el
siguiente invierno, qué mezcla será la próxima vez. Es misterioso y dulce, pero
a la vez aterrador.
¿Qué dices? ¿Qué la
mayoría de las cosas que he nombrado no tienen olor? Bueno, eso es porque tú no
te has parado un segundo más a verlo y a oler. Cada estación tiene sus olores y
está en la mano de cada quién saber apreciarlos. Prueba a hacerlo el siguiente
año.
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