Hace años que fui expulsada de mi tierra natal. ¿Que por qué?
Por pensar diferente, por tener gustos diferentes, por no querer ser y pensar
como los demás. Todos querían decidir por mí con quién pasaría el resto de mi
vida. Sin embargo, yo ya la había conocido años atrás y quería pasar mi vida
con ella. Por supuesto, eso estaba más que prohibido. Estaba condenado con la
muerte. Primeramente, no se puede elegir con quién quieres pasar tu miserable
vida y segundo, dos chicas no pueden reproducirse. Sí, ambas éramos chicas.
Cuando las dos reconocimos que aquel mundo no era para nosotras, pues
necesitábamos amarnos en libertad, decidimos irnos.
Por desgracia
para mí, ellos descubrieron nuestro plan de huida antes de que lo pusiéramos en
marcha. Intentamos escapar, pero ella murió frente a mis ojos. Estuve a punto
de quedarme con ella a morir, pero me gritó que me fuera, que huyera y que
viviera. Y eso hice, por ella. Por su recuerdo. Por sus besos, por sus caricias,
por su amor. Allá donde vaya, por lejos que sea, siempre la llevaré conmigo.
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